Escultura pública

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Realidad, objeto de tiempo

300 x 300 x 110 h. cm.

Hierro

2007

Parque Gallarza, Logroño (La Rioja)

Vaso osmótico

250 x 250 x 300 h. cm.

Acero corten.

2008

Plaza del cedro. Lardero (La Rioja)

Rafael Azcona

60 x 40 x 190 h. cm.

Acero corten

2008

Puerta Munilla. Arnedo (La Rioja)

Memoria Alzada

160 x 80 x 195 h. cm.

Hierro.

2009

Plaza Marqués de Castilflorite. Sotés. (La Rioja)

Camino

600 x 50 x 18 h. cm.

Hierro y cristal.

2000

Consejeria de Cultura (Jardines). Gobierno de La Rioja. Logroño. La Rioja.

Dos elementos independientes entre si se cruzan para formar  un objeto; aunque cada uno de ellos observa una dirección diferente, que parece evidenciar lo innecesario que  puede parecer el otro para su propia existencia, tienen algo en común: el tiempo que construye esa realidad.

Mientras cada uno de ellos fue puesto en el lugar que ocupa en tiempos diferentes, la acción (soldadura) que los une mediante el entrelazado sí es coincidente en el tiempo.

De esa manera, aparece el tiempo como vaso contenedor de la realidad que unifica en ese momento, el suceso en el que participan como constructores de la única posibilidad que tenía ese tiempo: una realidad que inmediatamente dará paso a la siguiente.

...también los hechos que conlleva nuestra existencia construyen el suceso del mundo, pero a veces pasamos por alto lo atado que este suceso está al tiempo en el que se desarrolla.

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ESCULTURA RAFAEL AZCONA


Para explicar el concepto que me llevó a idear una escultura pensando en Rafael Azcona y su réplica como premio anual “OCTUBRE CORTO PREMIO CIUDAD DE ARNEDO RAFAEL AZCONA” quiero remitirme al texto que escribí para el libro que se editó como consecuencia de aquella primera edición del año 2006; aunque fuera en realidad, ya, el octavo festival de cine de Arnedo.



José Luis García Sánchez en la carta que sirve de presentación o introducción al libro Rafael Azcona: hablar el guión de Bernardo Sánchez, transmite o mejor como él corrige para decirlo de otro modo: “¿traduce?” una idea Azconiana, “El cine no puede retratar sentimientos. Cuando lo intenta, falsifica.”; Algo que evoca mi planteamiento del arte: “El arte (la obra de arte) no puede representar sentimientos, sería una mentira”. El arte – todo arte – debe generar, provocar sentimientos en el receptor; estos, gracias a la debida atención e implicación, derivarán en emoción.


Cuando la organización de Octubre Corto me pidió un proyecto para la realización de una escultura que conmemorase la trayectoria de Rafael Azcona; además de otra escultura, réplica de la primera, que reconociese en ediciones siguientes a otros creadores del cine como merecedores del así instituido Premio Ciudad de Arnedo y que en próximas ediciones se conocerá como Premio Rafael Azcona me plateé el problema, como siempre que hay un objeto motivador de lo que he de realizar, de encontrarme en él.


Si siempre inicio el planteamiento del problema artístico como la búsqueda del lugar donde soy en ese objeto, en este caso también debía ser así, pero claro en esta ocasión con la importante característica de que se trataba de una persona y que además debía significar su quehacer creativo.


Con esta premisa me puse a trabajar, buscando ese lugar común desde conde poder construir mi obra.


De la reflexión sobre la figura de Azcona; de lo que había entendido de él por su obra; de las entrevistas que había concedido a los medios en alguna ocasión o por las aproximaciones a su personalidad como la que hace de él Bernardo Sánchez en el Libro antes mencionado “Rafael Azcona: hablar el guión” llegué a la conclusión de que aquel lugar no era otro que el límite que el propio Rafael Azcona marcaba: sus córneas, el lugar donde confluían él y el mundo que observaba. De esta manera concebí el trabajo como el lugar-límite de dos espacios diferentes pero convergentes, como si fuera la pantalla de un cine donde se proyecta la película, aquella que primero fue observada por el que luego la escribió y más tarde, después de realizada, proyectada para los que atentos no sentamos frente a ella.


Estos pensamientos me llevarían a construir un objeto con dos funciones aparentemente diferentes pero en el fondo iguales: la de observatorio; en principio para el cineasta, que luego se convertirá en observatorio para el público (Mirar lo mirado y escuchar lo hablado).


De esta forma la obra parte de una simetría (no coincidente), que mediante una línea separa para duplicar como si de un espejo se tratara el concepto que la construye: “el arte no puede representar sentimientos”.

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Frente a la estanqueidad de los vasos normales,  los vasos osmóticos son espacios libres que permiten fluir y con esa capacidad de fluidez traer, llevar y conformar  otros espacios, pero sin olvidar aquel que los permitió.